Por: J. Naranjo / P. Marchant / D. Morales

 

A continuación, compartimos la versión extendida de la entrevista que hicimos a Juana Palma para el boletín “La Mariposa” Nº3 que distribuimos de forma gratuita y en formato impreso en los territorios de Rari y Panimávida. Dicho número estuvo dedicado a la idea de Patrimonio, y la entrevista que les dejamos a continuación buscaba compartir experiencias relacionadas con oficios considerados como Elementos de Patrimonio Cultural Inmaterial por las instituciones estatales.

Si bien esta entrevista fue pensada para compartir con las mujeres tejedoras del crin, pensamos, es importante que más personas conozcan la experiencia y el importante trabajo que realiza Juana con relación a las artesanías y las fibras vegetales en Wallmapu.

Juana Palma y Gargal. En Ñancul, Comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.

Si pudieras comenzar contándonos cuál es tu área de trabajo y cómo te acercas al mundo de la artesanía y las fibras vegetales

Mi área de trabajo son los productos forestales no madereros (PFNM), este gran mundo de productos, realidades y situaciones. Trabajo en el Instituto Forestal (INFOR) hace cinco años. Antes era una profesional independiente, pero desde que salí de la Universidad de la Frontera el año 2000, que me dedico al estudio de esta materia. Desde que conocí este rubro, me enamoré y me he dedicado profesionalmente a esto toda mi vida.

¿Y cómo comenzó tu trabajo en este tema?

Partí trabajando en San Juan de la Costa, hice mi tesis de grado con las comunidades indígenas. Yo siempre digo que fueron mi segunda universidad, porque todas las herramientas que la universidad te entrega, ahí había que ponerlas en práctica. Fue una universidad de la vida, del bosque, de la ecología, de las mujeres, de lo indígena, de lo cultural; había una mezcla de cosas, de las que yo aprendí mucho. Trabajé con un grupo de mujeres recolectoras de hojas decorativas; mujeres que iban al bosque en condiciones muy extremas a recolectar distintas hojas que vendían a un precio muy bajo al mercado para la decoración floral. Hasta el día de hoy sigue siendo un producto muy mal pagado, hay ahí un trabajo pendiente. Pero fue muy bonita esa experiencia, allí aprendí del mundo de los hongos, de los tintes naturales, de la cestería, de la cultura.

Después de eso hice un doctorado. Profesionalmente me interesaba poder cuantificar la producción de PFNM que nos entrega el bosque de manera natural, porque cuando queremos hacer cualquier trabajo de conservación, o algún programa de desarrollo rural o un emprendimiento, necesitamos ese dato duro de cuánto podemos sacar de los bosques. Y ese dato no existía y no existe todavía. Para que exista debe haber metodologías de cuantificación y en eso concentré mi trabajo doctoral.

Luego, tuve la oportunidad de trabajar en el Instituto Forestal y por esas cosas de la vida, cuando es tu destino, es tu camino, me invitaron a desarrollar una iniciativa con artesanos del Pil Pil Voqui en la zona de Alepúe, que es la costa de San José de la Mariquina, para ayudar a escribir un proyecto para FIA (Fundación para la Innovación Agraria) relacionado con la problemática de la recolección de fibras naturales.

¿Y cómo fue ese vínculo con el trabajo de las fibras vegetales y la cestería?

Comenzó por una solicitud del INDAP hacia el INFOR. La tradición de hacer cestos con Pil Pil Voqui en ese territorio es muy antigua y se comprendía el valor cultural que eso tenía, pero se sabía muy poco de la parte ecológica de esta actividad. No había información sobre la recolección, dónde crece el Pil Pil Voqui, cómo se puede recolectar, los cuidados que hay que tener, si realmente hay mucho o hay poco. Y lxs recolectorxs y lxs artesanxs expresaban que cada vez tenían menos materia prima. En ese momento yo me vinculo al tema de la recolección de fibras vegetales para uso artesanal.

Después de eso tuve la oportunidad de conocer otra problemática en la Araucanía, en Puerto Saavedra, donde hay muchas mujeres y familias que tejen la Pilhua, me imagino que conocen esa bolsa, pero ahí la problemática era que no había materia prima para hacerla, porque en la comuna de Puerto Saavedra y toda la cuenca del lago Budi el bosque nativo hace ya un par de siglos que no existe. Lo que hay son pequeños fragmentos de bosque nativo. Es ahí donde crece el chupón, que es la materia prima para la Pilhua. El desafío en esa investigación era analizar cómo se puede restaurar esa especie, cómo se puede volver a tener materia prima. Nuestro foco fue tratar de reproducir la planta, ese fue el aporte, y entender cómo se recolecta y se hace esta actividad.

La siguiente experiencia que tengo con fibras artesanales fue en Chiloé. El Museo Regional de Ancud le planteó al área de artesanía de INDAP, la problemática expresada por los artesanos de Quilineja con respecto a su materia prima. La Quilineja también es una fibra de los bosques y cada vez es más difícil de encontrar, pero ecológicamente hablando se sabía muy poco de ella, porque es una especie que está ahí, escondida, y mientras no se visibilice su importancia no se estudia. Yo personalmente sabía muy poco de la Quilineja antes de hacer la investigación, de hecho, pensaba que la materia prima para la cestería eran sus tallos, pero en realidad son unas raíces aéreas que genera la planta y eso ocurre cuando la planta ya es vieja. O sea, tiene que pasar mucho tiempo para que la planta produzca estas raíces, no como las otras especies que año a año tienen un stock de fibra que está disponible. La Quilineja, en cambio, si le corto un año la fibra, al parecer, por lo que nos cuentan los artesanos, pasarán muchos años para volver a ese lugar y tener una misma cantidad de fibra. ¡Es una especie fascinante! Con un tremendo desafío de conservación y de manejo para este rubro. Y eso es lo que acabamos de investigar ahora y estamos escribiendo un libro y este libro, a diferencia de las otras investigaciones, tiene un enfoque más histórico porque esta especie tiene cuatro siglos de uso en Chiloé.

El financiamiento para estas investigaciones fue de FIA, era parte de un programa que tenía por objetivo la valorización del patrimonio agrario, agroalimentario y forestal asociado a la agricultura familiar campesina. Ese programa ya no existe, pero era muy bueno, pudo valorizar muchas prácticas culturales en el mundo rural.

Juana Palma y Rocío González. En Caricuicui, Comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.

Y con respecto al reconocimiento de Tesoros Humanos Vivos ¿cuál fue tu experiencia con ese premio, nos podrías contar?

Sobre el reconocimiento de los Tesoros Humanos Vivos o Sellos de Excelencia, en realidad yo no tengo una experiencia muy directa, más bien indirecta. Con el grupo del Pil Pil Voqui en Alepúe pasó que en el año 2015 se postuló a todo el grupo de artesanos a este premio de Tesoros Humanos Vivos. No lo hicimos nosotros, lo hizo el Departamento de Cultura de la Municipalidad de San José de la Mariquina. Nosotros habíamos estado todo ese año trabajando con el grupo. Este grupo no está formalizado, son distintos artesanos esparcidos por ese territorio de la costa, la mayoría son familias directas, pero tienen muchos conflictos familiares, entonces, muchos no se hablan, no trabajan juntos, tal vez al principio trabajaron juntos. Entonces, nosotros entramos a trabajar a este lugar para entender más sobre el Pil Pil Voqui, con ese contexto social.

Pasado el tiempo de trabajo nos empezaron a contar que vino una persona del municipio y empezó a preguntar sobre su trabajo de artesanía y los comenzó a inscribir en una lista para postularlos a un premio. Ellos no entendían muy bien de qué se trataba, pero se hablaba de un premio, que había dinero detrás y se fueron inscribiendo, pero después me comentaban que fue muy irregular la forma ya que en la lista, a juicio de ellos, habían personas que no eran artesanos.

Además, esa lista creo que tenía un límite, creo que no podían estar todas las personas que conocieron, por lo que quedaron fuera varios que son artesanos de tradición.

La postulación siguió adelante, finalmente, cuando fue la ceremonia de premiación las personas que no estaban en la lista también asistieron y ahí se generó un conflicto mayor.

Chuta, que grave. ¿Y cómo te fuiste enterando de todo esto?

A mi me contaban esto cuando íbamos a visitarlos por el tema de nuestro proyecto, se desahogaban conmigo y me contaban lo que había pasado. Entonces, también nos afectó a nosotros porque ya no pudimos hacer encuentros grupales, tuvimos que empezar a juntarnos por grupos separados, menos mal que ya estábamos en la fase final, pero fue muy difícil juntarlos. Hicimos un último esfuerzo para reunirlos a todos para ver alguna proyección futura, pero el grupo estaba muy dañado producto de este procedimiento.

¿Y cómo sientes que afectó al trabajo que estaban desarrollando con la comunidad?

Fue un efecto indirecto hacia nuestro trabajo. Hicimos una ceremonia de cierre del proyecto, para agradecerles a todas las personas que visitamos, a las que nos entregaron su conocimiento. Hicimos una ceremonia bien bonita aquí en el INFOR y nuestro objetivo era reunirlos a todos, y todos vinieron, pero siempre con ese temor de que hubiera un conflicto acá, pero no pasó nada. Yo creo que nosotros fuimos bien cuidadosos y nos concentramos en el fondo en reconocer su trabajo, el de cada uno, sin diferencias, de agradecerles todo lo que había sucedido durante veinte meses de trabajo con ellos. Creo que eso ayudó a olvidar el conflicto y ese día sentí que estaban todos contentos. Ese fue nuestro último encuentro con ellos porque después fue muy difícil continuar, porque el grupo ya estaba muy dividido, fue muy complicado. Esa es mi experiencia que es más bien indirecta que directa.

¿Cuál crees que fue la motivación de estos funcionarios municipales para promover, inscribir o postular a estas personas en este premio de Tesoros Humanos Vivos? Dado que no había sido una necesidad que había salido desde ellos mismos.

Cuando se habla de una cestería, o de una artesanía tradicional de la Región de Los Ríos, nos referimos a la de Pil Pil Voqui. Entonces, la comuna de San José de la Mariquina, donde está esta artesanía, se siente muy orgullosa de eso, de ese arte, de ese patrimonio, pero me atrevería a decir que el Departamento de Cultura, quien lideró este proceso de postulación al premio, no tuvo todas las herramientas ni estuvo tan vinculado a los artesanos. La intención era buena, había un premio en dinero, un reconocimiento a artesanos, era el momento de resaltar el trabajo de los artesanos de Pil-Pil Voqui. Pero la forma en que lo hicieron no fue la pertinente, sin informarse, sin considerar muchos aspectos, sin asesorarse, sin preguntar a quienes ya estaban más vinculados a los artesanos.

Yo creo que hay un orgullo por este trabajo aquí en la región, pero falta mucho trabajo con las personas que mantienen viva la tradición. Todavía ellos trabajan de forma aislada, cada uno sale adelante solo, y lleva su trabajo al mercado de la manera que puede. Cada vez que hay una feria artesanal en la Región, ellos siempre están invitados, pero yo lo veo que es más como un interés por el objeto que por las personas.

Desde lo metodológico y cuando ves esta experiencia de intervención con respecto a los Tesoros Humanos Vivos ¿Cómo se contrasta con tu trabajo en los tres territorios que has participado?

La experiencia de Pil Pil Voqui, fue la primera experiencia en este rubro. Como les contaba, yo empecé a trabajar en San Juan de la Costa, y partí con un mi enfoque más bien técnico, como ingeniero forestal, mirando el bosque y las plantas. Pero en San Juan de la Costa aprendí muy intuitivamente, y agradezco al grupo de mujeres que me acogieron con mi tesis de grado, se hizo un vínculo muy personal desde donde aprendí a entender a las comunidades. En esta nueva experiencia con lxs artesanxs de Pil Pil Voqui, apliqué la misma forma de trabajar que aprendí con ellas, pero sigo pensando hasta el día de hoy que todavía me faltan muchas herramientas respecto de la parte social.

En Alepúe lo primero que tuvimos que hacer fue pedir una autorización. Pero, igual hicimos un proyecto desde afuera, sin incluirlos a ellos, porque el INDAP le pide al INFOR que investigue un tema sobre la especie. Para esto nunca convocamos a una reunión a decirles ésta es nuestra intención, trabajemos juntos, cuáles son los antecedentes, no. Lo hicimos todo de afuera. Yo estaba recién llegando al INFOR y esa forma no era común dentro de la Institución.

Después cuando el proyecto fue aprobado, nos encontramos con el problema que la comunidad nos rechazó. Yo ahí pude comprender que ese grupo y ese territorio habían sido muy intervenidos. Empezamos con un escenario bien adverso, pero nuestra postura como profesionales, como gente de afuera, ajenos a todo esto, fue ser bien humildes y tratar de hablar con ellos para que entendieran que esto era totalmente positivo. En un principio estaban muy cerrados, pero un día nos llamaron, un viernes a las ocho de la tarde, para decirnos que al otro día se iban a juntar entre algunas familias, para evaluar si querían seguir adelante con este proyecto. Previamente INDAP nos había presentado en una de sus reuniones tradicionales, pero había miles de preguntas y también muchas críticas a esto, de por qué viene un proyecto así, y qué ganamos nosotros, y tantos millones, y esto nadie nos preguntó, lo mismo de siempre.

¡Tremendo desafío! ¿Y cómo sostuvieron esa situación?

Caímos en esa mala práctica de hacer el proyecto desde afuera, sin los involucrados, llegamos al territorio con un proyecto aprobado, así que tuvimos que hacernos cargo. Los profesionales a cargo del proyecto tuvimos que utilizar nuestras habilidades personales y hablar con mucha humildad. Como les contaba, en esa reunión a la que nos citaron para darnos una respuesta nos trataron súper mal, fue súper duro. Pero siempre, siempre, la humildad, nada de ser confrontacionales. Lo principal fue entenderlos a ellos, ponerse en sus zapatos, porque ellos estaban en todo su derecho de ser críticos, pero yo también era testaruda internamente, en el sentido de pensar que esto era algo positivo que había que lograr a toda costa, porque sino era una oportunidad que se perdían ellos y todos nosotros. Yo les pedía que nos dieran la oportunidad de demostrarles que nuestras intenciones eran buenas, porque no nos conocían y mientras no nos dieran esa oportunidad no iban a saber que se están perdiendo en el fondo. Y ahí, siempre, en este rubro y en todos los territorios, las líderes siempre son las mujeres, y creo que ellas lo comprendieron y dijeron ¡ya! les vamos a dar una oportunidad, pero a la primera acción negativa para ellos, nos vamos.

Juana Palma y Patricio Chung Guin-Po. En Ñancul, Comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.

¿Y qué sientes que tuvieron ustedes como equipo para lograr sobrellevar la situación y sacar adelante el proyecto con la comunidad?

Yo creo que en estas cosas va mucho como eres como profesional, como persona, porque si bien aquí entramos institucionalmente a un territorio, finalmente, somos un grupo de personas, un grupo de profesionales técnicos que estamos ahí todos los días. Más que profesionales somos personas, al menos este grupo, nos vio a nosotros, antes que a la institución. Entonces, se da relación humana entre los profesionales y el grupo de artesanos, esa relación es la que hay que cuidar y hay que alimentar siempre, ser muy cuidadosos y nosotros ser muy perceptivos a cómo es el estilo de vida de ellos, a cómo es la forma en que les gusta trabajar.

Yo en San Juan de la Costa aprendí que una forma de ser valorados en el campo es ponerse al mismo nivel del campesino, es decir, hacer lo mismo que ellos, ojalá caminar los mismos kilómetros que ellos caminan para ir a un lugar, ensuciarte de la misma forma, si es que ellos te abren las puertas de su hogar, dormir en su casa, comer su comida. En la manera en que te ven como un igual, ahí comienzan a generarse la confianza. Esto es lo que hicimos también acá, empezamos a salir y les dijimos que nos gustaría conocer los lugares a los que ellos van a recolectar, y siempre, la primera reacción era: ¡no es que es muy lejos! es muy lejos y hay que bajar una tremenda pendiente y usted va a quedar toda cochina y se va a embarrar y se va a caer, y le dijimos: pero no importa ¡vamos! Entonces, ellos ven que tú puedes hacer lo que ellos hacen y en la medida que te abren ese espacio, tú demuestras que si puedes ir al mismo nivel que ellos. Yo siento que eso, en mi vivencia personal es como una gran puerta que abre la confianza. En ese caminar por el bosque y andar todos en la misma, nos vamos conociendo primero como personas, y después, como profesionales, y yo creo que eso es una calidad que hay que tener como profesional también, de que en el fondo sacar un poquito el tema técnico y vincularse más allá a las personas en ese sentido.

¿Y hay alguna anécdota o historia que recuerdes que tenga relación con esa generación de confianzas que nos quieras compartir?

Hay un hecho que me gustaría destacar, muy insólito, que fue el broche de oro de nuestra generación de confianza, fue un aspecto botánico. Siempre lo cuento, porque ellos me decían, que el Pil Pil Voqui no tenía flores, y yo les decía: si, todas las plantas de nuestro planeta tienen flores, frutos y semillas; y me decían: no es que esta planta no, esta no tiene flores; nosotros nunca le hemos visto, nosotros llevamos años, desde niños recolectando y nunca le hemos visto las flores. Pero si tiene flores les decía yo, y entonces, llegó la primavera, claro nosotros empezamos en verano a trabajar, y tuvimos que esperar hasta agosto para ver las flores. Entonces, ahí, cuando les pudimos mostrar las flores, ellos quedaron impactados. Así como ¡Ahh! ¡tantos años y nunca había visto las flores! y eso marcó un antes y un después.

Cada situación, cada proyecto, cada proceso tiene sus cosas, sus matices. ¿Y por qué ellos no veían las flores? era porque esta planta tiene tallos horizontales que van por el piso del bosque y tallos que trepan buscando la luz, buscando la luz para qué: para producir flores, frutos y semillas. Y ellos lo que usan para tejer es lo que va por el suelo y un poquito lo que trepa, después hay una maraña de sotobosque, de plantas que no les permiten ver lo que está pasando allá arriba y nunca tuvieron la curiosidad de mirar que pasaba allá arriba. Y las flores de Pil Pil Voqui son muy pequeñitas, al principio son inconspicuas, que es un concepto botánico que se refiere a las flores que al principio no tienen un color llamativo, son de un verde casi como sus hojas, pero después cuando están más grande son blanquitas, pero son pequeñitas, por eso nunca las vieron, pero sí siempre estuvieron allí.

Después de eso, ellos se la pasaron buscando flores, veían flores por todos lados. Entonces, yo creo que es eso, la calidad humana con la que llegas a un territorio y te sacas la chaqueta institucional y te vinculas con las personas. Es eso, una relación de persona a persona, no es una relación de institución y grupo indígena, en este caso; no, de persona a persona y con mucho respeto y así fue siempre. Grupalmente nunca tuvimos éxito porque ellos ya venían con una situación familiar quebrada. Pero nuestro trabajo siempre fue visitarlos uno por uno en sus casas y ver su lugar de recolección y ahí ver lo que estaba sucediendo y analizar qué se podía hacer para mejorar esa situación, yo siento que esa fue la diferencia.

Y en esa relación persona a persona, qué es lo que a ti te motiva a generar esos vínculos, porque es inusual encontrar profesionales como tú, muchos se quedan con su chaqueta institucional, hacen la pega más burocrática, lo que hay que cumplir, la meta y se van. En el tiempo que llevamos trabajando con artesanxs no ha sido fácil encontrarse con personas que trabajen como tú, que entreguen cariño, que le pongan todo el corazón al proceso. Siento que le das un valor a la otra persona que es muy importante. Nos podrías contar ¿Qué es lo que te pasa con ese encuentro entre personas?

Es que es eso, conocer a una nueva persona en mi vida y descubrir un mundo de cosas nuevas. Las cosas que a mí me interesan, por ejemplo, si mi foco es el Pil Pil Voqui en este caso, ellas me hablan muchas cosas que yo nunca habría podido leer en los libros sobre esa planta. Me cuentan sobre ese vínculo que tuvo o esa historia familiar vinculada a la planta. Puede ser porque mi familia también es de muchos relatos, también se le daba mucho valor a las personas mayores cuando te cuentan historias, mi mamá siempre nos cuenta de un tío que los llevaba a la montaña y todas las cosas que aprendió ahí, yo me imaginaba esos lugares; no sé, también pasa por tu historia personal, pero a mi me fascina cuando conozco a una persona en el campo y sabe tanto, sabe tanto del bosque, de las plantas, de su vínculo. Incluso de su forma de vida me enseña, si estamos compartiendo algo en su mesa, las cosas que prepara me llaman la atención, me gusta probar otras preparaciones, el mate que tiene otro sabor, no sé, hay una conversa, escuchar la historia. Eso me motiva, voy aprendiendo, y también, ese relato aporta a la parte técnica, a la parte técnica le falta ese ingrediente más humano para entender.

Porque sí hablamos de conservación, no podemos hacer conservación de las plantas y el bosque solo mirando esos elementos, también está la historia humana detrás, porque vivimos en un país donde el bosque está en manos privadas, aunque lo trabaje un pequeño campesino, ese pedacito de tierra tiene un dueño, cuestión que no pasa en otros países donde los bosques son públicos y todos tienen acceso. Acá hay muchas familias vinculadas a los bosques, a ese pedazo de bosque y hay una historia, hay un vínculo ahí que no todos están escuchando o leyendo o trayendo a la parte técnica. Y eso también es lo rico del trabajo con los Productos Forestales No Madereros, porque a diferencia del uso maderero, el Producto Forestal No Maderero está vinculado intrínsecamente a las personas, no van separados; la madera, sí, puedo ir a un bosque, la saco y la vendo y generé ingresos para el país, para la región; pero no tiene ese vínculo rico, sabroso con las personas.

¡Es un verdadero intercambio de saberes el que realizas!

Claro, sí. Eso es lo que me pasa cuando conozco a alguien en ese aspecto.

Juana y hablabas desde el análisis de los proyectos en que habías participado, la diferencia que veías cuando el trabajo que se hacía estaba organizado o estaba determinado solo por las relaciones familiares. La diferencia que pudiste ver desde ese espacio. Porque, por ejemplo, en Rari ocurren las dos cosas en simultáneo, hay organizaciones, hay muchos vínculos familiares y desde los vínculos familiares también existen distancias y obviamente las organizaciones que habitan ese territorio también responden a esa historia familiar-personal de distancias y cercanías. ¿Cuál es tu apreciación sobre la importancia de la organización?

En toda mi experiencia en este rubro, me ha tocado trabajar con grupos que no están organizados. El primer grupo de recolectoras estaba organizado, pero forzado, no es que las amigas se reunieron y dijeron vamos a formar este grupo. Entonces igual había que guiarlos mucho. Lo que he visto de otras experiencias, desde afuera, es que igual es más fácil trabajar cuando está en un grupo organizado, porque es un trabajo más en equipo. Ellos ya tienen su experiencia y siempre va a ser mucho más fácil el tema de la organización.

Porque cuando el grupo no está organizado, y bueno, es parte un poco de mi personalidad, siento que tengo más trabajo. Hay que asumir más desafíos, me comprometo con ese grupo humano y tengo que ayudarlos lo que más pueda.

Yo lo que les conté es una parte bien humana, pero el fin de este trabajo tiene la intención de aumentar ingresos económicos en la familia. Es muy difícil lograr ese paso en la práctica, si no hay una organización. Claro, puede haber un esfuerzo de familia, que era lo que me pasaba acá con los artesanos de Pil Pil Voqui. Hay una familia que les va súper bien porque van una vez al mes a Santiago en bus, se llevaban toda su cestería, tienen sus puntos de venta donde les pagan bien, y con eso tienen para sobrevivir todo el mes. Pero en ese caso el esfuerzo es de una familia, todo el trabajo es muy individual.

Yo soy de la idea de que este trabajo puede ser más colaborativo, pero si no está la organización nada de eso funciona. Y después viene la parte triste: mientras está el financiamiento y el proyecto para poder apoyar, funciona, pero después se va el financiamiento y todo se acaba. Ahí falta la organización; pero es un tema delicado porque tiene que partir de ellos, si uno lo impone creo que nunca va a resultar, se va a quebrar igual. Pero si nace de ellos el organizarse es otro camino, es otra la historia. Yo valoro mucho la organización.

Juana Palma y Agustin Moscoso. En ÑanCul, Comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.

Nos interesa preguntarte también, por el otro lado, hemos conversado de tu relación directa con las comunidades, con las artesanas, que, por tu personalidad, por tu compromiso ético es muy dedicado, con mucho tiempo, con mucho cuidado, en esa relación uno a uno. Y cómo se recibe ese trabajo, ese lenguaje o estándar ético, para el otro lado; cuando te toca presentarlo ante las autoridades, ante organizaciones públicas, me imagino que también te encuentras con otros profesionales a los cuales tienes que rendirle los plazos, las platas o los resultados de las investigaciones y que quizás tienen otros tiempos u otra mirada. ¿sientes que has tenido una buena recepción o sientes que has tenido que “evangelizar” de alguna manera, mostrando esta perspectiva distinta?

Me cuesta responder esto, voy a partir desde lo más cercano a lo más lejano. Yo le tengo que dar cuentas al INFOR sobre esto, sobre mi trabajo, porque son mis empleadores. Y yo siento que acá en el INFOR siempre va a primar el dato técnico. Somos una institución técnica; si yo tuve un vínculo y utilicé todas mis habilidades emocionales, sociales en mi trabajo, eso no importa mucho, nadie lo pregunta. Es que el INFOR no tenía esta forma de trabajar tampoco. Acá en esta sede, al menos en Valdivia, no había muchas iniciativas vinculadas a las comunidades. Por eso no hay un parámetro de comparación o que alguien, así como ustedes, que me vaya a preguntar sobre esa parte. Nadie nunca me lo ha preguntado (Risas).

Yo me siento muy cómoda hablando de esto y siento que no ha habido espacios para hablar sobre cómo uno llega al lugar de trabajo con las comunidades. Sí hay unos colegas que son más sensibles y a veces hablamos de esto un poquito, pero en un pasillo, en un café; pero técnicamente, no.

Sin embargo, esto ha sido una evolución. Ahora que estamos terminando el proyecto de la Quilineja, me ha tocado trabajar con la Fundación Artesanías de Chile. Ahí es distinto, ahí he encontrado profesionales para quienes este tema sí es importante. por ejemplo, con la Fundación Artesanías de Chile me relaciono con una persona que está en Puerto Varas y es antropóloga, y también las colegas del Museo Regional de Ancud que son historiadoras, esto es muy importante para hacer el trabajo. Pero acá en mis instituciones directas no tanto.

No sé si te respondo la pregunta, me cuesta describirlo porque nunca me había puesto en esa posición. A mi me van a evaluar como técnico, como ingeniero forestal, por cuánto logro producir, publicar, entregar ese dato que falta, pero no por esto otro. Yo creo que igual acá adentro hay que “evangelizar” como dices tú. Y creo que hay que hacerlo, pero como he tenido tanto trabajo, no me he preocupado de si a mis colegas les falta esta parte, porque hay pocas iniciativas vinculadas con las comunidades acá en el INFOR, son bien poquitas. Y si las hay, conversan con la persona, miden lo que hay que medir y luego se van. No hay más vínculo.

Y relacionado con esto mismo y viendo el ejemplo que hablábamos antes sobre Tesoros Humanos Vivos ¿Cómo ves tú la responsabilidad de estas organizaciones públicas que de alguna forma igual inciden en los territorios, tanto en este caso de los Tesoros Humanos Vivos que sería el Ministerios de las Culturas, o INDAP, incluso INFOR, FIA que a veces no se preocupan de resguardar la efectiva participación y la toma de decisiones por parte de las comunidades, no resguardan que haya consentimiento, que haya participación vinculada, consciente, comprometida, sino simplemente van a hacer la pega y no miran lo que hay detrás? No sé si tu crees que también hay una responsabilidad del Estado, o una ausencia del Estado.

Sí totalmente, lo que tú dices es así. Lo veo desde mi Institución también, se cometen muchos errores de ese tipo. Por el premio de Tesoros Humanos Vivos en particular, yo creo que las personas que están dentro del Ministerio a cargo de elaborar este premio deben también velar, poner algunos requisitos, ser un poco más rigurosos. Cuando son territorios más grandes, deben solicitar que haya más pertinencia. A lo mejor lo que pasó en Alepúe, la organización del premio podría haber pedido un diagnóstico del grupo que se va a postular, saber quienes están trabajando y tal vez llegar a las personas a través de las instituciones que tienen más cercanía. El INDAP siempre va a ser una institución cercana en los campos. El INFOR no, nadie lo conoce en los campos. Cuando yo voy al campo me conocen a mí y no al INFOR, lamentablemente eso es así.

No sé si nos quieres decir algo más al respecto de lo que estamos hablando

Que me parece bueno que se haga este análisis. No sé si mucha gente lo hace, porque es una realidad que ocurre en muchos rincones rurales de Chile. Tal vez el diagnóstico debiese ser del territorio más que del grupo, porque estamos hablando de artesanías, y la artesanía tiene una materia prima. Yo lo miro desde la materia prima que sale del bosque, pero pensando en Alepúe, por ejemplo, había una artesana que hablaba que le gustaría tener un museo y ahí poner su artesanía; que vengan los turistas y vengan a mirar. A lo mejor, un premio también puede ser algo así, si hay un diagnóstico detrás, ver cuáles son las necesidades que plantean lxs mismxs artesanxs y que sea un beneficio para ese grupo, para ese territorio. Sin la necesidad de que estén en un registro sin que estén organizados de forma obligatoria, sino porque ese territorio tiene una identidad con esta artesanía, y esa artesanía necesita determinados elementos para poder seguir desarrollándose ahí.

Y que también sea una escuela. En los tres territorios siempre me dicen lo importante que sería que los niñxs en la escuela aprendan a hacer cestería, aprendan a hacer esto. Por qué no impulsar un programa desde el Ministerio de Educación para que en artes manuales las artesanas vayan y hagan las clases en el mismo territorio, sin ir más lejos. Los premios podrían ir por ese lado más que solo dinero tan estándar, un formato estándar en que no se acomoda para cualquier realidad. Si ustedes tienen contacto con las mentes pensantes, es importante ir planteando este tipo de ideas.

Y, por último, le aconsejarías algo a quienes están a cargo de llevar estos premios y reconocimiento en los territorios.

También sería bueno que el grupo de profesionales que diseña y evalúa el premio, una vez al año haga un encuentro multidisciplinario, para que estos grupos se asesoren y se empapen de las realidades de los distintos territorios de Chile. Que tengan estas mismas conversaciones, pero con las personas que toman decisiones, y que además puedan conocer otras realidades. Chile es tan largo y tenemos unas identidades culturales tan distintas a lo largo de todo el territorio, que no puede ser igual en todos los lugares. Yo no debiese estar hablando de los premios, sino de los planes de manejo; pero ser profesional es ser integral, no puedes quedarte en una línea, hay que ser muy integral. Ustedes mismos, es necesario que aprendan también más de plantas para comprender lo que van a hacer en el territorio, desde otra formación, aprender mucho desde otro oficio.

Juana Palma, Claudia Moscoso y Agustin Moscoso. En ÑanCul, Comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.